México, D.F.   |   11.12.2017

Museo Casa de La Bola
Parque Lira no. 136
Col. Tacubaya.
C.P. 11860, México, D.F.
Teléfonos
55 15 55 82
55 15 88 25
19 98 75 88

Museo Hacienda de Santa Mónica
Altamirano # 3
Col. Ex Hacienda de Santa Mónica
C.P. 54050, Tlalnepantla, Edo. de México
Teléfonos
53 97 51 47
53 98 45 79

Museo Hacienda de San Cristóbal Polaxtla
Ignacio Zaragoza s/n
C.P. 74088, El Moral, Municipio de San Martín Texmelucan, Puebla
Teléfono
01 (248) 48 437 05


Museos

Museo Casa la Bola


La Casa de la Bola está situado en lo que fuera la antigua Villa de San José de Tacubaya, ahora integrada a la Ciudad de México. Durante el Virreinato fue una finca campestre donde se producía aceite de oliva y pulque. En el siglo XVIII el área verde que rodeaba la finca tenía una extensión aproximada de cuatro hectáreas y media, contaba con 605 olivos, un huerto de árboles frutales y 1700 magueyes. La casa tuvo varios propietarios, el primero de ellos fue Francisco Bazán y Albornoz, quien en 1616 desempeñó el cargo de Inquisidor del Santo Oficio. Desde mediados del siglo XVII tuvo varios dueños, entre ellos el Arzobispo Mateo Zaga de Buquerio, Sebastián Guzmán y Córdova, el Caballero de Santiago Antonio de Osorio, Miguel Gambarte y José Gómez Campos. Ya en el siglo XIX fue adquirida por el notable erudito y destacado político José Gómez de la Cortina, Conde de la Cortina y José María Rincón Gallardo, Marqués de Guadalupe, quien finalmente se quedó como propietario único. En 1942, pasó a manos de don Antonio Haghenbeck, que la compró a su primo Joaquín Cortina Rincón Gallardo; desde entonces la convirtió en su lugar de residencia, por lo que la adecuó a su gusto y necesidades.

Fachada, Museo Casa de la Bola



Frente al comedor Don Antonio construyó una bella terraza con el material de demolición que recuperó de la casa de sus padres –que se localizaba en avenida Juárez, en la Ciudad de México- donde pasó parte de su niñez y juventud. En la planta alta amuebló los interiores suntuosamente: tapizó los muros con damascos y sobre éstos colocó tapicerías europeas, y dispuso en cada habitación pinturas, grabados, grandes espejos, cortinajes, candiles y un sinnúmero de obras de arte tanto de su colección como de la herencia familiar; con ello creó una mansión al estilo ecléctico y ornamental que prevaleció a finales del siglo XIX.

Estanque en el jardín, Museo Casa de la Bola



La casa conserva sus características arquitectónicas coloniales. Consta de dos plantas, un patio central empedrado y corredores sostenidos por columnas de cantera. En el traspatio, donde se ubicaban los cuartos de servicio, actualmente están las oficinas de curaduría y servicios educativos así como un salón que funciona como auditorio. Uno de los elementos más originales de la casa es que desde el patio central se aprecia el bello jardín en el que se encuentran vestigios coloniales como tres estanques y restos de canales de barro.

Patio Central, Museo Casa de la Bola



Cuando don Antonio adquirió la casa, el área verde se había reducido a 7,900 metros cuadrados. Como ya no sobrevivían ninguno de los olivos, ni árboles frutales, ni magueyes, decidió convertir este espacio en un jardín con un estilo propiamente europeo con andadores, fuentes y esculturas, donde se ha desarrollado una exuberante vegetación propia del trópico de México.

Terraza, Museo Casa de la Bola



Aún cuando no cuenta con recursos suficientes, la Fundación Cultural ha llevado a cabo, poco a poco, una labor constante de restauración y conservación tanto de la arquitectura como de las obras de arte. Actualmente, gracias al apoyo del Nacional Monte de Piedad, en el Museo Casa de la Bola se ha restaurado el traspatio, una amplia sección del jardín y se ha adecuado un área de estacionamiento para el público visitante.


Jardín, fuente de la Sirena, Museo Casa de la Bola



Museo Hacienda de Santa Mónica


Durante el Virreinato la Hacienda de Santa Mónica fue un centro productor de cereales, así como de almacenamiento y molienda de trigo. En el siglo XVI sus tierras colindaban con Teocalhueyacan, pueblo otomí que formó parte de la encomienda de la princesa Isabel de Moctezuma (conocida como Ixcaxóchitl), hija de Moctezuma II. En 1545 el virrey don Antonio de Mendoza entregó en propiedad estas tierras a doña Marina de la Caballería, viuda del Tesorero Real Alonso de Estrada, como remuneración por sus servicios prestados a la Corona Española. El hecho de que la viuda de Estrada llevara el nombre de doña Marina, motivó que en la localidad se extendiera la leyenda que la Hacienda había pertenecido a La Malinche y que, según contaban, Hernán Cortés se la había regalado.

Fachada lateral, Museo Hacienda de Santa Mónica



En 1554 los hijos de doña Marina de la Caballería remataron la propiedad y con el paso del tiempo tuvo varios dueños. En 1573 fue adquirida por el Convento de San Agustín de la Ciudad de México. Los agustinos tallaron en cantera, en la entrada del molino, el emblema de su orden y el número 1573, que indica el año en que se fundó la Hacienda, a la que pusieron el nombre de Santa Mónica en honor a la madre de San Agustín, patrona de la orden de los agustinos. Más de un siglo estuvo la Hacienda en sus manos. Durante ese periodo compraron varias parcelas colindantes, con lo que la engrandecieron; la dotaron de agua para el riego y la convirtieron en el principal abastecedor de maíz y harina de trigo de la capital del Virreinato. En 1687 la vendieron al capitán Blas Mejía. Después se sucedieron varios dueños, hasta que en 1764 la compró José Gonzáles Calderón, acaudalado comerciante y Caballero de Santiago. En esa época la Hacienda de Santa Mónica fue muy próspera: llegó a contar con once trojes para almacenamiento de granos de maíz y sobre todo de trigo, así como ganado y 50,000 magueyes.

Jardín, Museo Hacienda de Santa Mónica



Don José González Calderón, quien en la entrada principal hizo labrar su escudo, construyó la mayor parte del casco que se aprecia en la actualidad y le dio un carácter señorial con su sobria y elegante fachada, y con el enorme patio rodeado de columnas. Los familiares de González Calderón fueron los dueños de la Hacienda hasta 1830.

Molino, Museo Hacienda de Santa Mónica



Durante la Guerra de Independencia la Hacienda vivió una severa crisis. En el siglo XIX pasó a manos de varios propietarios, ente éstos la familia Muriel y don Nicolás de Teresa, hasta que en 1947 don Antonio Haghenbeck y de la Lama la compró al señor Octavio Avilés Liceaga. La Hacienda de Santa Mónica contaba entonces con una extensión de 21,800 m2 de áreas verdes. El casco, que comprende 4,566 m2 de construcción, se encontraba bastante deteriorado. Don Antonio lo consolidó y restauró; como era su costumbre aprovechó material de demolición: en el molino agregó una chimenea monumental, pilares y escalera de mármol, y en el jardín varias esculturas. Ornamentó las habitaciones y salones de la planta alta, como en la Casa de la Bola, siguiendo el estilo de las mansiones de la segunda mitad del siglo XIX: cubrió las paredes con damascos, agregó elegantes cortinas, tapices europeos, candiles, pinturas, espejos y muebles de diversos estilos. Destinó también a Santa Mónica una buena parte de su colección de pintura y mobiliario colonial. La Hacienda contaba con una pequeña iglesia que en la actualidad funciona como parroquia de los vecinos de la localidad.

Detalle fachada, Museo Hacienda de Santa Mónica



En la Hacienda de Santa Mónica, al igual que en la Casa de la Bola, se ha restaurado el patio central, algunos de los salones de la planta alta, una sección del jardín y también obras de arte, sobre todo pintura virreinal. En el futuro la Fundación Cultural Antonio Haghenbeck y de la Lama, I.A.P., tiene planeado abrir una escuela de artes plásticas en el área que ocupaba la tienda de raya.


Museo Hacienda de San Cristóbal Polaxtla


Durante el Virreinato se le conoció como Hacienda de San Martín y fue un importante centro productor de trigo y cebada. A principios del siglo XIX, el cura español Luis Iglesias estableció en esas tierras el Rancho de Dolores, que más tarde se convertiría en la Hacienda de San Cristóbal Polaxtla.

Jardín, Museo Hacienda de San Cristóbal Polaxtla



Las primeras referencias que se tienen sobre la Hacienda datan de 1614; los documentos mencionan una disputa entre vecinos a causa del aprovechamiento del agua que procedía de los ríos de Santa Elena y Cotzala. El usufructo del agua fue causa de muchos conflictos entre los dueños de las haciendas vecinas y Polaxtla, que se prolongaron hasta el siglo XIX.

Patio Central, Museo Hacienda de San Cristóbal Polaxtla



Algunos de los propietarios de la Hacienda fueron, en 1687, el licenciado Domingo Dávila Galindo; en 1720, el contador Francisco Mateo de Luna; a fines del siglo XVIII el militar Domingo Antonio de Uribe y Barcárcel; en 1845, el Coronel Antonio Icaza y a fines del siglo XIX don Félix Pérez. Posteriormente pasó a manos de don Marcelino Presno, quien en 1912 la vendió a la familia Conde de la ciudad de Puebla.

Estanque de Patos, Museo Hacienda de San Cristóbal Polaxtla



Durante el siglo XIX, debido a su posición estratégica en el camino entre la ciudad de Puebla y la capital de México, la Hacienda de San Cristóbal Polaxtla estuvo vinculada a numerosos acontecimientos nacionales: la Guerra de Independencia, la intervención francesa y las luchas entre liberales y conservadores. En 1812 el guerrillero insurgente Vicente Gómez quemó el inmueble en un fallido intento por invadir San Martín Texmelucan. Durante la intervención francesa, Ignacio Comonfort encabezó una acción de guerra contra el ejército francés que tuvo lugar en Polaxtla.

En mayo de 1926, al terminar la Revolución con la repartición de las tierras que se realizó en aquella época, la mayoría de las tierras de la Hacienda fueron expropiadas. En 1930 San Cristóbal Polaxtla pasó a manos del licenciado Bartolomé Saviñón, quien la vendió en 1963 a don Antonio Haghenbeck y de la Lama.

Cuando don Antonio recibió la Hacienda en avanzado estado de deterioro, se dedicó a restaurarla y embellecerla. Aprovechó el material de demolición procedente de la casa que don Antonio Escandón tenía en Tacubaya y después de consolidar muros y techos, agregó dos terrazas, un solarium y un estanque; también decoró el jardín y los corredores tanto con jarrones como con esculturas de hierro fundido.

El casco está rodeado por un bello jardín y una extensa área verde de 34,870 m2, en la que destaca un bosque de fresnos, un hermoso jagüey y una zona de tierras de cultivo. Los interiores fueron arreglados con mismo estilo que la Casa de la Bola y la Hacienda de Santa Mónica. En San Cristóbal Polaxtla, las piezas que destacan por su número y calidad son: varios gabinetes del siglo XVIII, relojes, sillones fraileros, pintura colonial, tapicerías europeas y grabados.

Artes e Historia México
 
Fotógrafo 12,2017
Carrusel, Ricardo Guzmán
Ricardo Guzmán
Carrusel

Carrusel, Ricardo Guzmán
Artista 12,2017
Sueños Psico-Imaginarios, 2015, Rubén Maya
Rubén Maya
Sueños Psico-Imaginarios, 2015

Sueños Psico-Imaginarios, 2015, Rubén Maya
Artista 12,2017
, Teresa Zimbrón
Teresa Zimbrón


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