México, D.F.   |   15.12.2017



Museo de la Ciudad de México

Pino Suárez 30,
Centro Histórico, Delegación Cuauhtémoc.
Tels. 55420083 y 55229936


museodelaciudaddemexico@gmail.com

Historia

Los orígenes del Antiguo Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya, hoy Museo de la Ciudad de México, se remontan al siglo XVI, cuando el conquistador Hernán Cortés repartió los solares más cercanos al Templo Mayor de los mexicas entre sus compañeros de armas y colaboradores más allegados. Tal fue el caso de Juan Gutiérrez Altamirano, ex gobernador de Cuba y corregidor de Texcoco, quien recibió en dote uno de los solares mejor ubicados sobre la calzada de Iztapalapa, hoy Pino Suárez, entre otras prerrogativas. Asimismo, Juan Gutiérrez contrajo matrimonio con una prima de Cortés: doña Juana Altamirano Pizarro.

Muchos años después, don Fernando Altamirano y Velasco, descendiente directo de Juan Gutiérrez Altamirano, contrajo a su vez matrimonio con una nieta del virrey Luis de Velasco. Fernando Altamirano recibió la merced real de Felipe III, en la que se le otorgó el título de conde de Santiago de Calimaya en 1616.

Como resultado de la alcurnia a la que entonces pertenecía la familia Altamirano Velasco, puede ser posible que la edificación del palacio de los Condes de Santiago de Calimaya haya iniciado en el siglo XVII.

En 1777, el palacio fue remodelado. Las obras estuvieron a cargo del arquitecto Francisco Antonio Guerrero y Torres. La fachada del palacio fue recubierta de tezontle y la portada y las ventanas con cantera a la usanza del siglo XVII.

En la esquina inferior derecha se incluyó una cabeza de serpiente, un monolito ornamental de origen prehispánico. El remozamiento del palacio se hizo desde sus cimientos y es probable que en la excavación se haya encontrado esta figura escultórica de piedra con otros objetos. La casa se trazó en dos plantas, sin entresuelo y con dos patios como todas las casas señoriales. La capilla familiar era un símbolo de abolengo y de intensa actividad social.

Es de reconocerse el esfuerzo del arquitecto Guerrero y Torres para aprovechar partes de la antigua construcción. Los escudos de armas que coronan las arquerías del patio principal corresponden a la intención de resaltar la nobleza familiar. Lo mismo ocurre con las gárgolas en forma de cañón que adornan todo el perímetro superior de la fachada.

Los leones que presiden el arranque de la escalera, así como los mascarones del portón principal, tienen un aire orientalista, rasgo no muy común en la casa de los nobles. Incluso, se ha especulado sobre el posible origen de la madera y la mano de obra que elaboraron la puerta de acceso principal; se ha dicho que quizás fue traída de Filipinas por los condes. Sin embargo, la manufactura parece ser totalmente novohispana y la madera no es extraña a estas latitudes.

Otro elemento distintivo del edificio es la fuente en forma de concha ubicada en el patio mayor. El adorno principal es una nereida que toca la guitarra y mira hacia la capilla familiar, que posiblemente haga referencia a los viajes ultramarinos que realizaron los condes, como “adelantados” de las Islas Filipinas.

La capilla familiar varias veces recibió la visita de obispos y arzobispos que oficiaron algunos sacramentos que reforzaban la alcurnia de la familia.

Las accesorias de la casona eran quizás los lugares menos significativos para el abolengo nobiliario, pero los más representativos de la ciudad de su momento. En ellas, se albergaron talleres de artes y de oficios, en donde también habitaban los artesanos y vendían sus productos.

De palacio a vecindad

A finales del siglo XIX, la casa de los condes de Santiago Calimaya quedó ubicada dentro del área comercial del centro y poco a poco se establecieron tiendas en los locales de la planta baja.

Los herederos de este inmueble continuaron la costumbre de rentar los cuartos. Todas las habitaciones de la planta baja y las de la planta alta del segundo patio fueron ocupadas por arrendatarios, reservando para la familia Cervantes, los últimos propietarios, las habitaciones de la planta alta que rodeaban el patio principal.

De vecindad a museo

La importancia del antiguo palacio fue reconocida en 1931 cuando se declaró patrimonio nacional. Posteriormente, en 1960, el Departamento del Distrito Federal decretó que el inmueble se convirtiera en la sede del Museo de la Ciudad de México.

Para adecuar el edificio a su nuevo uso, el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez llevó a cabo la remodelación en la que las antiguas habitaciones se transformaron en salas de exhibición.

El 31 de octubre de 1964 fue inaugurado el museo y en sus salas se montó una exposición que mostraba didácticamente el concepto de urbe.

A partir de 2002, el Museo de la Ciudad de México emprendió un cambio sustancial en sus espacios: el arreglo de la fachada, la reapertura de la biblioteca Jaime Torres Bodet, la inauguración de la Librería del Pórtico y la restauración del estudio de Joaquín Clausell. El recinto en general mejoró su imagen y luego de permanecer diez años sin una exposición permanente sobre la ciudad, el 18 de noviembre de 2004 se inauguró Todo cabe en una cuenca.

Artes e Historia México
 
Fotógrafo 12,2017
Carrusel, Ricardo Guzmán
Ricardo Guzmán
Carrusel

Carrusel, Ricardo Guzmán
Artista 12,2017
Sueños Psico-Imaginarios, 2015, Rubén Maya
Rubén Maya
Sueños Psico-Imaginarios, 2015

Sueños Psico-Imaginarios, 2015, Rubén Maya
Artista 12,2017
, Teresa Zimbrón
Teresa Zimbrón


, Teresa Zimbrón
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